viernes, 10 de julio de 2009

Y otra vez me dio por escribir, pero esta vez me siento más libre que nunca, aunque el precio sea una soledad que me molesta, pero que me sienta bien.

Aprendí a llorar sin lágrimas y a escuchar con el corazón. A decir te quiero sin miedos y a entregar mi alma si es necesario.
Esta soy yo, con mi corazón expandible y con la mente abierta para seguir volando y no dejar que nadie destruya mi sueño.

De a poco volví a sonreir y por fin puedo caminar sin miedo a tropezar, por que sé que siempre puedo levantarme con la ayuda de Dios y mi gente incondicional.

Estoy tranquila, viviendo mi juventud y esta vida que Dios me regala día a día...

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